VIVIENDO UN ACOSO MORAL: Soy la víctima o ¿Acaso soy el agresor?


13 septiembre, 2016 Facebook Twitter LinkedIn Google+ General



Maltrato psicológico en el día a día        

El acoso moral, es algo tan subjetivo y real en nuestros días; es algo tan fuerte en el que un individuo puede conseguir hacer pedazos al otro. Por medio de manipulaciones, pequeños toques desestabilizadores, difíciles de identificar, expresadas como insinuaciones, mentiras, humillaciones sutiles que la persona asume como propias unido a la frase “Te lo digo por tu bien y porque te quiero”.

La persona que acosa es así debido a que ha pasado por un gran sufrimiento y desvalorización, encotrándose ávida de aprobación y admiración, resultándole imposible la empatía y el poder reconocer la experiencia del otro, busca engrandecerse a costa de rebajar a los demás.  Sólo así encuentra su poder. Descargando sobre la otra persona la total responsabilidad de lo que no funciona en sí mismo, para no sentir culpa de lo que es disfuncional en si mismo para no experimentar sufrimiento.

Su agresión proviene de una fría racionalidad, por lo que actúa siempre en forma sistemática.  La apariencia es de una persona encantadora y convenciendo (se) que es la víctima, sin aceptar la violencia subterránea que se ejerce. Afirmando (se), que con amabilidad es cada día más encantadora, produciendo siempre en la otra persona lo contrario

Los especialistas de la “Salud Mental” nos sentimos dubitativos cuestionando injustamente a las víctimas, que se pregunten en qué son responsables de la agresión que ellos mismos padecen, o en qué medida lo han deseado, inconscientemente. Esto es injusto, ya que por mucho que su reacción a la agresión moral contribuya a establecer una relación con el agresor esta es simétrica y se nutre de sí misma; por lo que debemos recordar siempre que esta persona vive una situación de la que no es responsable

Esta violencia inicia con mentiras pequeñas, falta de respeto,  manipulación, a lo que la víctima reacciona con un sufrimiento silencioso, ya que no comprende lo que sucede, durando así meses, años e incluso toda la vida de la víctima; generando así que la misma víctima responda con actitudes también de apariencia agresora; lo cual le genera un sentimiento de complicidad o responsabilidad de la situación. Los testigos interpretan como simples los aspectos de una relación así. El acosador Impone su dominio para retener al otro, manteniendo una relación de dependencia.  No le ama, callándolo para que no se aleje y la otra persona permanece paralizada para ser frustrado permanentemente.

 

En una relación así: “Todo se vale”, desde las mentiras las insinuaciones, los absurdos. Ya que el acosador siempre tiene la razón; por lo que vive sin escrúpulos ni remordimientos. Le da miedo involucrarse afectivamente, por lo que se mantiene a distancia; evitando que lo invada, pero le hace vivir lo que él mismo no quiere padecer, ahogándole y manteniéndole «a su disposición». Envidia inconscientemente y no acepta las virtudes de su víctima, culpándole de todo y en todo momento, evitando así que se cuestione a sí misma.  Proclamando (se), tener “las manos limpias de toda culpa”.

Navega en esta relación, si así pudiésemos llamarle, los ataques subterráneos y la denigración, viviendo así en una excesiva tolerancia por parte de la persona agredida, debido a los beneficios inconscientes, esencialmente masoquistas, que la víctima obtiene.  Sin embargo las investigaciones han mostrado que algunas de estas personas no presentan tendencias auto-punitivas previas.  Ahora bien, cuanto más fuerte sea su ideal de pareja, más fuerte será su violencia, sin  aceptar la responsabilidad cuando exista una ruptura, por lo que su cónyuge debe cargar con ella completamente.  El sentimiento de culpa en la víctima le lleva a mostrarse generosa, esperando así poder escapar de su perseguidor.

 

Bibliografía:

Classen, C, Koopman, C. y Siegel, D., «Trauma y disociación», Bulletin of the Menninger Clinic, vol. 57, 2 (1993).

Crocq, L., «Las víctimas psicológicas», Victimologie (noviembre de 1994).

Freud, S., El problema del masioquismo, París, PUF, 1924.

Sun Tse, El arte de la guerra, París, Agora, 1993 (trad. cast.: El arte de la guerra, Madrid, Edaf, 1993).